Evolución de la soldadura por arco voltaico

95 415 05 97
Evolución de la soldadura por arco voltaico

Si en algún momento tenemos la ocasión de observar unas máquinas de soldar en Sevilla, nos preguntaremos si siempre han sido así o si la tecnología —que todo lo transforma— también ha influido en ellas, desde que el uso de remaches fue sustituido por la soldadura de arco voltaico.

Las primitivas máquinas de soldar de Sevilla eran muy diferentes de las actuales, constaban de un gran transformador variable con dos salidas, la masa se conectaba a la pieza a soldar y el otro, provisto de una pinza, sujetaba el electrodo, una varilla de metal fungible —de unas quince pulgadas de longitud, recubierta de un revestimiento aislante— que había que ir sustituyendo cada vez que se consumía. Los electrodos difieren en grosor dependiendo del tipo de soldadura a realizar y el grosor de la pieza.

La soldadura dio un salto de gigante cuando se introdujo en la industria la soldadura MIG/MAG de hilo continuo. Efectivamente, el electrodo rígido fue sustituido por una bobina de hilo fungible que alimenta una pistola a través de una manguera, por lo que se evitaba interrumpir el trabajo para sustituir el electrodo gastado. Para evitar el contacto del hilo con el aire, este va sumergido en un chorro de gas que produce una atmósfera aislante, por lo que también ahorramos la escoria y la limpieza consiguiente. Generalmente, se utiliza gas Protar para el acero y gas Argón para las soldaduras en aluminio.

Actualmente existen empresas como Dikesol desde donde podemos proveer de cualquier material para soldadura —ya que la variedad es inmensa—, siempre dependiendo de las necesidades del cliente. Según qué material pretendamos soldar, tenemos bobinas de diferentes materiales, aunque su diámetro es fijo, ya que al igual que en el electrodo variamos el grosor. Esa función la hace la bobina regulando la velocidad y, por tanto, variando la cantidad de material de aportación.

haz clic para copiar mailmail copiado